3 bigotes
23 Jul 2026Cuando me mudé a Madrid y empecé una vida fuera de las “normas de casa” sabía que a mi vida iba a llegar un compañero peludo tarde o temprano.
Ese día llegó el 12 de octubre de 2017 y fue el primer día de nuestras vidas. Metida en una caja de cartón, hecha un ovillo y con unos ojitos del tamaño de un guisante, estaba una pequeña gatita de apenas tres meses. Tenía tanto miedo como curiosidad por saber quién era yo, por qué la estaba obligando a hacer un viaje tan largo (Leganés-Madrid) y quién me había dado derecho a mí para poder tocarla. Para ella fue una travesía inesperada; para mí, la decisión más importante de mi vida.
Cuando llegamos a casa, supe que desde ese momento, ya no era una casa común y corriente sino que entre Sergio, ella y yo, la habíamos convertido en un hogar. Supe que a mí podría faltarme cualquier cosa, pero ella tendría siempre su lata favorita lista para consumir fresquita en la nevera. Que ya no vivía yo en mi casa, sino que era suya y a mí me hacía el favor de compartirla con ella y que me había arrancado un trocito de mi corazón para siempre entre ronroneos, trastadas y algún que otro arañazo.
Siempre he sido la típica persona que se queda enganchada a ver vídeos de “Las 10 curiosidades que no sabías de tu gato” o “¿Sabes por qué tu gato maúlla cuando te vas de casa?” Pero, desde que ella entró en mi vida, ya no solamente los veía de forma casual, sino que los buscaba para intentar conocerla más y hacerle la vida lo más feliz posible.
Entre todos los cientos de vídeos que vi, encontré uno que hablaba sobre los bigotes de los gatos. Hace mucho tiempo ya desde ese día, pero decía algo así como que, los gatos, son animales a los que les gusta protegerte y que cuando te encontrabas uno de sus bigotes por casa, era una muestra de “buena suerte” o de “ayuda” frente a cualquier cuestión que le hubieses comentado que te preocupaba o que hubiera percibido.
Un día antes de la primera entrevista en dgtl, estaba limpiando y colocando la casa como de costumbre. Cuando me puse a pasar el aspirador, no me encontré ni uno, ni dos bigotes, sino que me encontré tres. No es para nada habitual que por mi casa haya tantos a la vez por el suelo, son más ocasionales y bastante espaciados en el tiempo, pero en cuanto los vi, lo supe.
Ella, sin poder hablar y solo comunicándose a través de diferentes tonos de “miaus” me hizo llegar su buena energía y buena suerte para el proceso en el que me estaba adentrando. Desde ese día, esos 3 bigotes me acompañan a donde vaya porque están escondidos en la funda de mi teléfono y ella me sigue esperando ansiosa en la puerta de casa para preguntarme qué tal me ha ido el día a su manera.
No sé si ha sido casualidad, señales del universo o si realmente el vídeo sobre los bigotes tenía parte de razón, pero yo prefiero quedarme con que todo pasa por algo y que si dgtl tenía un proceso de tres entrevistas, Sombra me dejó tres de sus bigotes y un mensaje no escrito de “Ánimo, mamá”.
