Por cada nudo, un deseo

29 May 2026

En Brasil hay un sitio llamado Bahía, un estado en el Nordeste brasileño, donde hay una tradición muy única. Nosotros nos ponemos una pulsera en la muñeca, hacemos tres nudos y pedimos tres deseos. Los nudos deben ser siempre hechos por otras personas, pero los deseos son tuyos y solo tuyos.

¿Qué te gustaría pedir si la pulsera tuviera el poder de hacer realidad tus mayores sueños?

Yo hago esta tradición desde muy pequeña y, durante muchos años, mis pedidos eran muy parecidos: acabar la escuela con éxito, que mi familia fuera feliz y… el tercer deseo probablemente tenía que ver con algún tipo de juguete que me apetecía mucho en ese momento.

Es curioso cómo cada una de las pulseras ha marcado una etapa diferente de mi vida. Después de 8 horas en el avión y con la casa (o lo que he podido transportar de ella) en unas cuantas maletas, Portugal se ha hecho mi nueva casa y las pulseras empezaron a guardar deseos diferentes: conocer otros países del mundo, aprender inglés rápidamente y tener la suerte de conocer gente buena en esta nueva etapa de mi vida.

Durante la universidad, pedí para quedar con buenas evaluaciones y tener la oportunidad de hacer Erasmus — algo que mi yo de 12 años ni siquiera tenía idea de lo que significaba. Y cuando estaba estudiando para mi curso de maestría, pedí, una vez más, acabar la tesis de manera positiva. Sin embargo, ahora, al mirar atrás, me di cuenta de que los deseos ya se estaban transformando. Los nudos pasaron a guardar sueños de viajes, conciertos, libros… Por primera vez, pedía algo más que simplemente cumplir responsabilidades y obligaciones.

El mundo parecía hacerse más grande, las fronteras ya no eran sinónimo de barreras y empecé a creer que es posible soñar a lo grande. El tiempo ha pasado y todavía no crecí mucho en centímetros, pero los sueños, esto sí, crecieron mucho.

¿Y si tuviera la oportunidad de aprender más idiomas? ¿Y si visitara otro país sola? ¿Mudarme a otra ciudad? ¿Sería capaz de aceptar una oferta para trabajar en algo completamente diferente de lo que hacía antes? ¿Y si pudiera cruzar el mundo para conocer lo magnífico que es un santuario de elefantes asiáticos?

La tradición dice que los deseos se cumplen cuando se deshacen los nudos. Lo que la vida me ha enseñado es que, en realidad, los sueños se van cumpliendo, sin plazo, pero siempre con mucho trabajo y esfuerzo.

Hoy todavía busco nuevas pulseras siempre que una se deshace, pero las nuevas ya no tienen el mismo peso. Porque, al fin y al cabo, no las necesito.

Después de tantos años, me he dado cuenta de que nunca fue sobre pedir. Se trata de creer. Creer que yo soy capaz de convertir en realidad lo que parecía imposible. Y seguir soñando… con una vida cerca del mar, con más tiempo para bailar y viajar por todo el mundo.

Escrito por:

Ana

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