Bajo el mar

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Cuando era pequeña mis padres decidieron soltarme en una piscina a nadar, con cuatro años empecé a mover los pies, “sintiéndome como pez en el agua” y, aunque al principio lloraba mucho, hoy sé que fue una idea maravillosa.

Mientras pasaban los días (y para qué mentirnos, los años) empecé a encontrar un refugio en el agua, como la sirenita; pasar horas en remojo me ayudaba a evadirme del mundo tormentoso y violento de fuera.

Supongo que hay un momento que dejas de hacer mejores marcas y empiezas entonces a entender los valores que el deporte te brinda.

Saltaré al final, escribiendo desde la terraza de casa, un 8 de marzo necesario, todo lo que he aprendido ( y sigo aprendiendo) estos años.

Cuando quedé subcampeona de España en relevos por equipos, allá por 2015, entendí que lo más importante es la unión formada con las otras tres guerreras del equipo, la confianza en la cámara de salida, los ánimos de los cómplices en la grada, el guiño de mi padre desde la butaca amarilla o los corazones de mi madre desde por la mañana. Siempre tuvimos el pálpito de que este día conseguiríamos algo bonito.

Sin embargo, años más tarde, en una copa, estábamos convencidas de mantenernos en la categoría y pasó lo contrario, descendimos. Una vez más, volví a corroborar que la ilusión y la satisfacción por el trabajo realizado no deben desviarse nunca.

Recientemente he podido experimentar lo que era disfrutar de verdad compitiendo. Este año, a pesar de que teníamos todas las ganar, duramente hemos conseguido mantenernos. Aún así, ha sido la competición que más he disfrutado, sentí tanto el deporte y el apoyo que decidí descansar del ámbito que tanto me regala, para poder volver a disfrutarlo.

Tras haceros partícipes brevemente de mi trayectoria deportiva, me gustaría explicaros por qué elegí sumarme a este equipo.

Siempre me contaron que la natación es muy individualista, pero yo prefiero descartar este factor.

Entendí un día, mientras hacía dos o tres patadas de subacuático y hasta arriba de agua que la natación es el reflejo de todo lo que deseo; deseo crecer y aprender cada día, adquirir conocimientos y entender cada causa, cada historia, empaparme de sensibilidad para poder prestar mi ayuda.

La pérdida reciente de un entrenador, la investigación de mi hermana en diversos tipos de cáncer y mi carácter reivindicativo me hicieron darme cuenta de la necesidad y la gran labor que realizan.

Decido navegar con dgtl para entender que cada brazada que damos es un impulso para otro, que es necesario el apoyo de nuestro equipo y que, sin él, nos ahogamos pensando cómo salir a flote.

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