El día que Carmen Sevilla se encontró con Anaximandro

8_b651ef749b_640

Desde pequeño fui un niño curioso. No me estaba quieto, corriendo detrás de los otros críos en el parque (fuesen conocidos o no) o metiendo monedas en el reproductor de video que teníamos en casa (para “alegría” de mis padres).

Y un día cualquiera en esos años 90 se escuchó desde el televisor del salón a Carmen Sevilla presentado el Telecupón dando gracias a Dios. A lo que un crío que apenas sabía leer contestó “Dios no puede existir porque los números son infinitos”.

No se qué pasaría por mi cabeza para dar esa respuesta, pero mi padre estaba delante y ante esa reflexión aleatoria de un chaval decidió apodarme como Anaximandro (Filósofo de la Antigua Grecia considerado como el primer científico por usar la experimentación como método demostrativo) ante la gracia que le hacía como me cuestionaba el mundo y analizaba el porqué de las cosas (y sobre todo la respuesta aleatoria que le di a la pobre Carmen Sevilla).

Y así fui creciendo de niño a adolescente devorando cómics, libros, videojuegos, películas, revistas… alimentado de esta manera mi curiosidad hacia el mundo descubriendo cosas nuevas. Mediante videojuegos pude descubrir historias que me hablaban de los problemas de acabar con los recursos naturales del planeta mientras un inocente cómic de superhéroes me daba a conocer la existencia de tensiones raciales en Estados Unidos.

Con el tiempo y tras algún que otro proyecto que acabó en fracaso (mi objetivo de ser el técnico de sonido de Metallica y recorrer el mundo de gira no pudo alcanzarse) acabe encontrando en la Sociología una disciplina que encajaba perfectamente en la manera en que me cuestionaba la cosas y así potenciarlo a un nivel mayor.

No fue una época fácil, ser estudiante de sociología en plena crisis económica mundial no era lo más agradable. Horas de facultad cuestionando todo dándole vueltas a la cabeza para comprender estructuras y problemáticas sociales para llegar a casa encender la tv poner el telediario y ser bombardeado por las terribles cifras de paro y miseria de esos años. Era imposible que no te afectase al ánimo.

Al finalizar la carrera acabé tan agotado mentalmente que me vi incapaz de seguir cuestionando la realidad y me puse a trabajar en lo primero que encontré. Así pasaron un par de años hasta que de casualidad la analítica digital se cruzó en mi vida. En los primeros años de conexiones a internet con tarifa plana diseñé una primitiva página web a la cual le añadí el típico contador de visitas (el tatarabuelo de las técnicas de medición actuales) y fue ilusionante conocer cómo lo digital evolucionó a un mundo de métricas y de pautas de comportamiento de usuarios de las cuales sacar conclusiones.

Así finalmente pude darle salida a mi curiosidad por conocer cosas e investigar. Y si en el camino de esas investigaciones consigo mejorar la vida, aunque sea un poco, a alguien ya habrá merecido la pena.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *