De repente, el último verano

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El verano pasado, en una de esas cenas al aire libre y con la humedad del levante pegada a todos los poros de la piel, mi hermano me preguntó: “¿Qué es lo que más echas de menos de trabajar en Bangkok?”. Dudé por un segundo, pero la respuesta se me agarró con rapidez al estómago y a la garganta: “Sentirme afortunada con lo que hago”. No lo dije, por supuesto. Me encontraba en un limbo vital en el que todavía no podía reconocerme una verdad de ese calibre. Pero lo cierto es que añoraba esa sensación más que nada, y solo ahora, después de cientos (¡miles!) de cosas que han pasado desde entonces soy capaz de admitirlo.

 De hecho, no me había parado a pensarlo de verdad hasta que hace unos días Dani me escribió un privado: “Holaaaa… ¿Te acuerdas del post que tenías que escribir para nuestro blog?”. Y sí que me acordaba, claro, pero no había sido capaz de poner en palabras todas las emociones y los cambios de los últimos meses, y se me hacía muy cuesta arriba explicárselo a los demás.

Así que, dándole vueltas a cómo hacerlo, hablé con mi compañera de piso y me dijo: “Piensa en un momento en el que te sentiste bien y escribe desde ahí”. Y, de repente, volví al último verano. La sensación de sentirme afortunada, que en aquel momento no tenía, afloró como la humedad por todos mis poros y me di cuenta de que la había recuperado.

Desde ahí ha sido muy fácil recordar todas las etapas en las que me he sentido así y que, sin saberlo, me han traído hasta aquí: ser estudiante de Filología y Antropología, correctora, editora, guionista, community manager de Costa Rica, negra (literaria) escribiendo una biografía sobre caballos… ¡incluso redactora de informes secretos de inteligencia! (no iba a contar todo desde el principio, ¿verdad?).

Ahora puedo ver todo el camino que me ha conducido hasta dgtl y soy capaz de unirlo como aquellos famosos puntos de Steve Jobs. No tengo ni idea de lo que pasará a partir de ahora, pero sí sé que vuelvo a sentirme afortunada: tengo la oportunidad de realmente escribir, de hacerlo para el mejor fin del mundo, que al final es ayudar a la gente (¡y a los gatetes!), y estoy rodeada de un equipo genial de personas del que aprendo cada día y con el que bebo birra, como Doritos y digo tonterías martes y viernes.

Estoy lista para el siguiente punto. ¿Vamos?

 

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