Un mal salto

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Es curiosa la manera que tenemos los humanos de presentarnos. Cuando te presentas a alguien nuevo lo más normal es que comiences diciendo tu nombre, edad, y a continuación, a lo que te dedicas. Como si eso determinase lo que realmente eres.

Considero que si realmente deseas conocer a alguien lo anterior deberías sustituirlo por la siguiente pregunta:

¿Cuál es la experiencia que ha hecho que seas la persona que eres hoy?

Lo increíble es que a menudo la gente no sabrá muy bien qué contestar. Es por ello por lo que me gustaría dedicar este post a compartir una de las experiencias que me han hecho adquirir los valores y mentalidad que tengo hasta el momento.

 

UN MAL SALTO

Todas las mañanas al levantarme lo primero que hacía era chequear el ranking nacional de atletismo.Todo seguía en orden, seguía teniendo la mejor marca de la temporada.

Y es que, en eso consistía mi vida: despertarme, entrenar, ir a la escuela, volver a entrenar, merendar por el camino a casa, estudiar y dormir. Aunque suene a estrés a mi no me importaba. Sin embargo, hay veces en las que aunque creas que estás dando el 120% de ti, aunque pienses que nadie más que tú se merece triunfar, la vida te traerá lo contrario.

En Mayo de 2015 me lesioné el ligamento cruzado anterior y menisco entrenando. ¿Por qué yo?, ¿Por qué en ese preciso instante? Llevaba más de tres meses vigilando mi dieta, no faltando a ningún entrenamiento, y además, buscando nuevos tipos de técnicas para ganar algunos centímetros en los saltos.

Si eres o has sido atleta, sabrás que una lesión es de las cosas más temidas. Quizás sea por el hecho de que aparecen cuando menos te lo esperas, o porque los atletas somos conscientes de lo frágiles que somos los humanos. Un mal apoyo, una mala caída, es lo único que hace falta para tirar una entera temporada de duro esfuerzo a la ruina.

“Métete los campeonatos en el bolsillo”

Esas fueron las palabras del cirujano tras obtener los resultados de la resonancia. No lo pude evitar: me vinieron a la mente todas esas tardes mirando vídeos en YouTube para mejorar la zancada, todas esas mañanas en las que madrugaba para hacer abdominales. Todo eso ¿para qué?

Un año tardé en recuperarme. Pero no fue hasta unos tres años más tarde, cuando ya había dejado el atletismo por completo, cuando me di cuenta: sí me merecía todo aquéllo. Qué ingenua había sido. ¿Quién era yo para decirle a la vida lo injusta que era?

Perspectiva. Es una de las cosas que aprendí durante esos tres duros años tras la operación. Muchas veces vivimos tan metidos en nuestro propias vidas y circunstancias que nos olvidamos de tomar perspectiva. Con esto me refiero a poner nuestros problemas en contexto global. Con toda la de cosas horribles que me podían pasar, el “universo” había elegido lesionarme. Cuando hacemos esto, gran parte de las veces, nos daremos cuenta de lo afortunados que somos.

Ahora que me encuentro casi más fuera que dentro de la universidad, miró atrás y veo cómo muchas de las decisiones que tomé, como el estudiar Relaciones Internacionales en Madrid, no hubiesen sucedido si no fuese por estos principios. Es por ello que tuve que cerrar el capítulo del atletismo sin rencores, solo con agradecimiento. Por todo lo que me había brindado; verdaderas lecciones de vida.

Y con esta mentalidad llego a dgtl fundraising. Mi primera experiencia laboral en un sector que realmente me interesa. Por primera vez en una empresa en la que sus valores están alineados con los míos. Con miedo, pero confianza; con ganas de aprender, pero también de ofrecer mi perspectiva sobre las cosas.

 

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