¡Hola! Soy Clara

feminismo

Siempre me he preguntado a qué viene eso de preguntar a los niños qué quieren ser de mayores. Nunca cómo quieren ser o qué quieren hacer. Inevitablemente, todos enseguida comprendemos que esa pregunta solamente abarca el ámbito profesional. Y cuando tu máxima preocupación es pasar del velcro a los cordones, no sé si estás preparada para mirar el futuro muy lejano. Mis padres se resignaron, y aceptaron todo lo que yo iba queriendo “ser”. Primero, astronauta. Era la época en la que Pedro Duque voló al espacio. Después, cajera del Día (cualquier otro supermercado no era opción). Lo juro, me alucinaba esa cinta transportadora. Luego, futbolista. Empecé a ver que el mundo parecía ser dirigido por hombres famosos, y esos jugaban la Champions. También quise ser paleontóloga, pero ya ni recuerdo el porqué. Y así iba teniendo mis propios sueños, que duraban unas 24 horas.

Mi imaginativa, idílica y tierna infancia terminó, luego me quitaron los brackets y justo después me di de bruces con la realidad. Había que pensar en algo y no solo en lo raros que parecían mis dientes después de años sin verlos. Tenía que tomar decisiones sobre mis estudios, pero no sabía bien qué hacer. Como no supe elegir entre dos carreras, hice las dos. Fue en esos años cuando descubrí que la contabilidad analítica no terminaba de llenar mi hueco existencial. Quizá la contabilidad no (nunca te cerraré las puertas, querida amiga), pero debatir con compañeras, y trabajar en equipo me sirvió más de lo que pensé. Y me estalló en la cara mi conciencia social, aunque ya la llevaba en mis adentros y un tanto en mis afueras. Me di cuenta de que quería apostar por una vida involucrada con la justicia social y medioambiental. También me di cuenta de que siempre había creído en eso, aunque hasta entonces solo hubiera actuado en una mínima escala. Empecé a participar en asociaciones: un círculo de barrio por aquí, un club de lectura feminista por allí… y uniendo mi trayectoria académica con la reciente vocación, conseguí meter la cabeza en el mundo de las ONG empezando como cualquier milenial: de becaria.

Desde entonces, nunca he pensado en desligarme de proyectos que creo que luchan por mejorar la sociedad y el planeta en el que nos dejan compartir existencia. Y además de pensarlo, he tenido la suerte de poder hacerlo. A pesar de haberme quedado lejos de la paleontología, las estrellas, las cintas transportadoras y el fútbol, me he dedicado a cuidar (un verbo que necesita más visibilidad) de otra gente que también cree en los mismos proyectos que yo. Y eso es un lujo.

Ahora llego a dgtl fundraising para seguir creciendo y aportando, y de nuevo, a seguir cuidando a las personas que como yo, creemos que podemos cambiar las cosas. De mayor ya sé qué quiero hacer: quiero seguir aprendiendo.

 

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