{"id":2392,"date":"2024-02-19T10:56:22","date_gmt":"2024-02-19T10:56:22","guid":{"rendered":"https:\/\/dgtlfundraising.com\/es\/?p=2392"},"modified":"2024-02-19T11:10:06","modified_gmt":"2024-02-19T11:10:06","slug":"kit-de-bienvenida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dgtlfundraising.com\/es\/blog\/2024\/02\/19\/kit-de-bienvenida\/","title":{"rendered":"Kit de bienvenida"},"content":{"rendered":"<p>Era la primera vez en mi vida que recib\u00eda un kit de bienvenida. Nunca antes nadie me hab\u00eda dado el cl\u00e1sico botella-taza-ordenador. Quiz\u00e1 una palmada en la espalda, como mucho una bolsa de tela o un bol\u00edgrafo. Y cuando hablo del kit de bienvenida no me refiero a esos tres objetos solamente. Sentado en la mesa de madera, despegu\u00e9 el papel protector de la pantalla nueva y sent\u00ed un enorme placer en la parte trasera de la cabeza, donde el cerebro siente las cosas bonitas. Por la ventana de la que ser\u00eda mi nueva oficina se col\u00f3 el griter\u00edo del patio de un colegio. Mir\u00e9 el reloj: las once en punto. Era la hora del recreo.<\/p>\n<p>Me acord\u00e9 entonces de Puyol, el Calvo, Pablito, Manu, Toni, Jorge y aquellas finales infernales de f\u00fatbol y patadas, o patadas y f\u00fatbol mejor, contra los mayores de sexto curso. Me acord\u00e9 de Malav\u00e9, jugador estratosf\u00e9rico de bal\u00f3n pegado al pie y carrera endiablada, de Marcos y sus ochenta kilos con hombros como castillos y empujones por doquier. De Berni y su risa inquisidora, de V\u00edctor que hace tiempo que se fue y su mirada noble. Me acord\u00e9 de esperar a que aquel reloj grande encima de la pizarra diera las once en punto para salir a correr y patear, marcar un gol, o dos, y sentir que no hab\u00eda nada m\u00e1s all\u00e1 de aquellas porter\u00edas sin red, ni aquel asfalto rojo. Que las matem\u00e1ticas solo serv\u00edan para contar goles y la lengua para gritar y hacer burlas a los rivales. Me acord\u00e9 tambi\u00e9n de crecer y olvidarnos del f\u00fatbol. Conocer a las chicas. Ana, Irene, Marta, Manuela, Julia, Elena. Jugar a rescate y la botella hasta la extenuaci\u00f3n, enamorarnos, re\u00edrnos, ser amigos, salir los fines de semana, el instituto, las primeras fiestas, las primeras caladas, los besos, los enfados, los viajes. Todo eso vendr\u00eda m\u00e1s tarde, pero empez\u00f3 en aquel patio de recreo que ahora escuchaba de nuevo a lo lejos.<\/p>\n<p>Hoy, en mi primer d\u00eda de trabajo, recuerdo con cari\u00f1o las primeras veces de muchas cosas. Es curioso que nuestro cerebro y la parte de atr\u00e1s donde reposan las cosas bonitas, guarde tan bien las primeras veces y no tanto las \u00faltimas. Hoy las once en punto ya no significan nada diferente para mi. La hora del segundo caf\u00e9 quiz\u00e1, la hora que marca la media ma\u00f1ana. No recuerdo mi \u00faltimo recreo, ni mi \u00faltimo d\u00eda de clase. No recuerdo mi \u00faltimo d\u00eda de trabajo en muchos de los sitios en los que he estado, ni la \u00faltima fiesta, ni la \u00faltima vez que jugu\u00e9 a rescate o vi a Puyol, al Calvo, o a V\u00edctor que ya no est\u00e1. Lo que si que recordar\u00e9 ser\u00e1 este kit de bienvenida y lo que sent\u00ed en mi primer d\u00eda aqu\u00ed sentado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Era la primera vez en mi vida que recib\u00eda un kit de bienvenida. Nunca antes nadie me hab\u00eda dado el cl\u00e1sico botella-taza-ordenador. Quiz\u00e1 una palmada en la espalda, como mucho una bolsa de tela o un bol\u00edgrafo. Y cuando hablo del kit de bienvenida no me refiero a esos tres objetos solamente. 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