Curiosidad y palabras

Uno de mis pasatiempos favoritos del mundo es “jugar a preguntas”. El mecanismo es muy sencillo: hacer a cualquier persona cercana la primera pregunta que se te venga a la cabeza. La única condición imprescindible es que esa pregunta debe estar justificada por un impulso de curiosidad real; como la que tienen los niños pequeños al ver, por ejemplo, la luna por primera vez. Este sencillo juego me ha permitido disfrutar de increíbles episodios como “¿qué preferirías, no volver a hablar nunca o comer únicamente brócoli de por vida?”. En mi caso, por cierto, elegiría no volver a hablar nunca; porque odio el brócoli y porque siempre se me ha dado mejor expresarme por escrito.

El caso es que “jugar a preguntas” es solo una de las mil millones de dimensiones de mi vida en las que la combinación de palabras y curiosidad se ha acabado convirtiendo en el epicentro de todo. En el instituto, por ejemplo, me pasaba horas haciendo rimas en mi cabeza. En principio era un entretenimiento, pero luego descubrí que si le ponías ritmo a esas rimas se podían hacer canciones, y que esas canciones pertenecían a un género musical que se llamaba “rap”. Y que el rap, a pesar de lo que cree todo el mundo, es muy lírico, muy social y muy subversivo. Y así, por la curiosidad de saber cómo rimar “camión” y “corazón” en una frase con sentido, y por la necesidad de sacar fuera el torbellino de emociones de una adolescente, descubrí una nueva afición.

Más tarde, el rap se convirtió en algo mucho más perfilado. Las palabras crecieron, se enroscaron en conceptos más complejos, más grandes y abstractos. Y me di cuenta de que esa nueva forma sería para siempre el amor de mi vida. Hablo de la poesía. La poesía me ayudó a descubrir que había mucho más que contar, que sentir y que pedirle al mundo de lo que nuestra rutina diaria nos permite. Me enseñó que hay que desenvolver los mensajes y las historias como si de un enigma se tratara, y que la mejor manera de “leer” es descubrir qué te pueden decir las palabras, tan universales y genéricas, a ti y solo a ti.

Mucho más tarde, cuando ya estaba sumida en una relación inquebrantable con todo este mundo tan literario, la curiosidad volvió a hacer de las suyas. En este caso todo dio un vuelco inesperado. Hasta ese momento, casi todo lo que había aprendido era a mirar desde mí hacia fuera, en un puro ejercicio individual. Pero resultaba que fuera de mis paredes existía un mundo plagado de voces, de vidas inusuales, bellas y trágicas a la vez; historias de realidad cruel, a veces descarnada y, aún así, profundamente interesantes. Todas esas causas, toda esa vorágine de humanidad que necesita humanidad es, en parte, lo que me ha llevado hasta aquí.

Probablemente, mi historia solo acaba de empezar, pero creo que en este nuevo capítulo, dgtl me ha dado la oportunidad de bucear con palabras e historias en este nuevo impulso de curiosidad que, por cierto, me lleva a lanzarte la siguiente pregunta: “¿si pudieras cambiar algo del mundo hoy, qué sería?”.

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