Cuentos troquelados

Desde pequeña mi gran pasión eran los libros. Aún conservo todos esos cuentos infantiles con más ilustraciones que letra. Otros eran troquelados o tenían múltiples pestañas que se desplegaban para amenizar la lectura. Sin embargo, a medida que iba creciendo era yo la que escribía. 

Primero, inventándome pequeñas obras de teatro que representaba con un amigo de la infancia delante de nuestros padres para sacarnos unas monedas y poder financiarnos las chuches y los gusanitos. Luego, me lancé a la poesía (género que, por cierto, se me da realmente mal). Y a punto de cumplir la mayoría de edad comencé a redactar artículos, noticias… Todavía no lo sabía, pero estaba entrando en un mundo en el que sigo a día de hoy, y del que no tengo pensado salir nunca. 

A pesar de estar haciendo lo que más me gustaba, no me sentía completa del todo. Algo estaba fallando. Fue en ese momento en el que llegó a mis manos un libro de Ryszard Kapuscinski. Más tarde lo hicieron otros de Svetlana Alexiévich, Xavier Aldekoa o Mikel Ayestarán. Con esas lecturas comprendí realmente las funciones del periodismo de relatar, concienciar, denunciar, y ayudar. 

A partir de ahí dejé de ver grandes conflictos o temas geopolíticos y comencé a interesarme por pequeñas historias. Las batallitas de mis abuelos ya no me aburrían. Todo lo contrario. Me llevaba las manos a la cabeza al pensar que miles de biografías como aquellas jamás iban a ser escuchadas. No tenían impacto, a nadie le importaban. Pero a mí sí. 

Todo muy idílico. 

Pero a la hora de ganarme la vida, de conseguir un trabajo en el que escribiera para ayudar, un puesto en el que realmente aportase algo a la sociedad… ¿qué iba a hacer? Estuve en la radio del Ayuntamiento de Madrid relatando historias de todo tipo, luego seguí mi vocación por los libros y trabajé en una editorial, incluso realicé un Máster en Cultura Contemporánea. 

Finalmente, dgtl se puso en mi camino y desde el primer momento supe que era un sitio hecho a mi medida. Voy a seguir haciendo lo que sé: investigar, contar historias y aportar mi granito de arena. Pero, sobre todo: escuchar, aprender y darlo todo de mi, para poder decirle a aquella niña de los cuentos troquelados que va a encontrar su camino sin dejar de hacer lo que le apasiona.

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